
Acercamiento a La traición de las imágenes de René Magritte.
“Sin más que un interés académico, que
no excluye la pasión, para percibir los grandes problemas,
uno puede ocuparse de ellos y dedicarse a ellos sin esperanza
ni desesperación. De esta manera me ocupo de la pintura, para evocar
imágenes desconocidas de lo que nos es conocido,
el misterio absoluto de lo imperceptible”.
René Magritte.
Existen diversas y peculiares formas de definir el arte. A lo largo del tiempo, filósofos, críticos, historiadores, etc., se han dado a la tarea de encontrar conceptos, afirmaciones o explicaciones que nos ayuden a comprender qué es el arte. Todas estas definiciones van encaminadas a varias direcciones pero a fin de cuentas todas convergen en una sola: la del espectador.
Jacques Aumont en su libro La estética hoy plantea algunas definiciones que se han hecho respecto al arte: Dewey nos dice que “el arte es una experiencia que muestra al mundo y nos permite aprehenderlo de manera única”. Esta manera de acercarse al arte presenta una aprehensión de quien se aproxima a la obra de artística (el receptor) y a quien ésta devela una nueva forma de ver el mundo. Para Deleuze “el arte es lo que conserva nuestros preceptos al darles una forma que presenta una existencia sui generis” mientras que para Adorno “toda obra de arte es única en tanto pensamiento emitido o formado”. Estas acepciones se dirigen hacia un espectador, éste recibe la obra de arte en todas sus manifestaciones posibles y hace que este fenómeno (el del arte) sobreviva.
Una obra de arte comienza con el ingenio de un artista para después continuar con el efecto que otorga al espectador destinado a significar:
… la obra de arte es un momento de exploración de un mundo (eventualmente limitado al mundo del arte), pero es también la huella de una invención; por eso es una reserva insoldable –tal vez infinita, como dice Schelling- de efectos sobre quien, al final del proceso artístico, es su destinatario y algo así como su productor asociado: el espectador.
El efecto que cause una obra de arte al espectador será el medio por el cual se otorgue el adjetivo de originalidad a la pintura, música, danza, literatura y demás manifestaciones del arte. La disposición del espectador y su forma de aproximarse al arte son dos cuestiones que hacen que la obra se mantenga viva y que de cierta forma “permanezca”.
En este trabajo analizaremos las diversas significaciones que “otorga” la pintura La traición de las imágenes de René Magritte al espectador. Analizaremos la relación entre las palabras y las imágenes en la pintura y el papel que desempeña el espectador en esa relación.
René Magritte fue un pintor nacido en Bélgica en 1898, su trabajo artístico se vincula con el movimiento surrealista de principios del siglo XX, sin embargo, él (a diferencia de algunos pintores asociados a este movimiento de vanguardia) no pretendía evocar o plasmar lo reprimido a través del inconsciente mediante imágenes oníricas y traumáticas sino que “deseaba descubrir lo extraño dentro de lo familiar”.
Su ingenio pictórico, entonces, residía en la búsqueda de una integración de lo familiar con lo extraño. Esa búsqueda era resuelta cuando encontraba la forma de confundir la ficción con la realidad. Las pinturas de Magritte se caracterizan por presentar una complicación ante el espectador cuando a través de las imágenes liga lo aparente con lo real. Sus pinturas tienen la capacidad de mostrar lo extraordinario en lo más pequeño y en lo más insignificante: “los cuadros de Magritte: ellos muestran un mundo de familiaridades perturbadas, un mundo de ruinas, en el cual las cosas se han vuelto independientes y toda la vida ha sido despojada de su entorno”.
La traición de las imágenes (1929) es una pintura que cabe dentro de todo lo anteriormente enunciado, una especie de “simpleza” (al ser este cuadro la representación –o copia- de una pipa) es la característica principal de esta obra en la que lo más pequeño devela a lo extraordinario. Esta develación está asociada a las palabras que causan controversia y confusión al contemplador de la obra magritteana:
La pintura representaba para Magritte un arte de reflexión en el que no sólo hay que mostrar sino que también hay que incitar, desconcertar y trasgredir. La traición de las imágenes es una de las obras más famosas de este pintor, por ser tan simple y a la vez tan controversial. Esta pintura se suele asociar con un cuento de Diderot publicado en 1772 llamado: “Ceci n´est pas un conte”. Que, como la pintura de Magritte, el título de la narración trata de negar lo evidente. Y precisamente es a partir de una negación cuando se desata la confusión y la intriga del espectador.
Esta pintura desconcierta empezando por su simplicidad, nos presenta el dibujo de una pipa tal y como la conocemos en la realidad pero el texto que “nombra” a la figura es lo que intriga: “esto no es una pipa”. La relación establecida en esa pintura entre el texto y la imagen no concuerda, por lo que genera diversas dudas al espectador: ¿lo que está viendo es o no es una pipa?, ¿no es una pipa porque es la representación de la pipa?, ¿las palabras están enunciando que no son una pipa? Las relaciones tradicionales entre la palabra y la imagen son corrompidas por la negación sugiriendo que lo plasmado por Magritte en el lienzo es totalmente falso, un simulacro.
Foucault en su ensayo Esto no es una pipa nos sugiere que el texto puesto por Magritte en la pintura es doblemente paradójico ya que nombra lo que indudablemente no tiene la necesidad de ser nombrado negando lo que en un principio parece ser. La pipa dibujada no necesita de ningún texto para definir lo que es porque se percibe claramente, la contradicción que genera el texto marca una pauta de conflicto entre la imagen, las palabras y el espectador de la obra artística. Y como reitera Foucault “lo que el enunciado de Magritte niega es la pertenencia inmediata y recíproca del dibujo de la pipa y del texto por el que se puede nombrar esa misma pipa”.
Esta pintura ha desatado diversas interpretaciones entre las cuales se suele decir que lo que se encuentra en el cuadro de Magritte no es una pipa sino el dibujo de una pipa, la representación de ésta por lo tanto no es una pipa “real” sino más bien es una pipa dibujada, ya que “mientras las palabras son indistinguibles en los textos de ficción y en los que no lo son, un objeto real y un objeto en la imagen se puede distinguir fácilmente”. Lo mismo pasa con la frase “esto no es una pipa” no es una pipa sino la frase que dice que esto no es una pipa . Nadie ni nada es una pipa. La negación impera en el proceso receptivo. Lo que hace en Magritte en la pintura es aludir a la percepción de una pipa pero no a la pipa como tal. Lo que realiza el pintor es crear incertidumbre y sembrar la duda al espectador respecto a la naturaleza de la pipa. Presenta a la pipa como un simulacro de la realidad que se enfrenta con un problema epistemológico fundamental, el del conocimiento total y certero de lo real.
La intranquilidad que genera La traición de las imágenes es un efecto que otorga directamente al espectador. Al no poder ligar el texto con la imagen hay una confrontación de significaciones. Y una de las principales confrontaciones encontradas en la pintura es la que hace Magritte con la normalidad, la pipa es un objeto totalmente convencional pero que es sacado de su contexto, primero al estar representado en una pintura y después negando la apariencia del mismo a través de las palabras. El espectador a partir de la lectura “esto no es una pipa” desliga de su “realidad ideal” a la pipa y éste se sitúa en una perturbación constante.
Las obras de arte tienen un contenido que las hace portadoras de significaciones, estas significaciones se generan mediante estrategias pictóricas (hablando de La traición de las imágenes) con las que se ocasionará un efecto. Es por eso que las obras de arte tienen momentos estimulantes que intranquilizan y causan nerviosismo. Una pintura se activa mediante la presencia del espectador. En la interacción con el arte existe una dialéctica entre la obra y el espectador en donde para fijar dicha correspondencia (obra-espectador) se tendrán que analizar las condiciones básicas de los efectos que produce la obra pictórica. La incertidumbre que presenta la obra es la puerta de acceso al espectador, siendo ésta una posible condición básica para el efecto. La obra de arte no se ajusta completamente ni a los objetos reales del mundo vital ni a las experiencias del espectador, por lo que la obra de arte dejará abiertos varios caminos para la significación. Los efectos y reacciones por parte del espectador dentro de una obra de arte dependerán en gran medida de su presencia, la incertidumbre y la confusión hacen que la presencia del espectador sea sagaz.
En el caso de La traición de las imágenes el espectador ocupa un lugar amplio en la significación de la obra desde el momento en el que se presenta la confusión entre la imagen y el texto. Esta confusión otorga un efecto en el espectador que servirá para significar, interpretar, apropiarse de la pintura para encontrar una nueva forma de ver el mundo.
Como nos dice Aumont, el arte pone en juego al pensamiento. La traición de las imágenes es precisamente un juego del pensamiento (el mismo título de la obra exige una confusión) en donde el signo no concuerda con su significado (a causa de la contradicción a la que está atado a través de la escritura plasmada en la pintura). La traición de las imágenes reta a la “realidad” a mostrar su veracidad o su falsedad. Planteando así que la “realidad” misma es un simulacro.
Aumont apunta que la estética de la originalidad puede postular un efecto violento que puede residir entonces en una estética de la ruptura ya que hay una violencia directa que concierne al espectador y dice lo siguiente:
La obra de ruptura es la que afecta principalmente nuestra memoria en el arte y que lo hace al menos de dos maneras. En primer lugar, porque el trauma que ha representado queda indefinidamente activo. La obra que ha producido semejante conmoción nunca volverá a ser una obra como cualquier otra, no se verá sustancialmente modificada por experiencias posteriores.
La traición de las imágenes sin duda está ligada a una estética de la ruptura, es una obra que ha permanecido vigente en el mundo del arte y es una obra que sigue inquietando, confundiendo y atrayendo al espectador de nuestros días. El problema que plantea de la costumbre de relacionar la imagen con las palabras persiste en la actualidad y es producto de varios conflictos epistemológicos. La pintura de Magritte está presente en la memoria del arte, es una obra permanentemente activa y por lo tanto “original”. Crea un efecto violento al espectador al llevar a éste a una constante confusión. La traición de las imágenes otorga el mayor efecto que (según Aumont) puede conceder una obra de arte: un eterno presente.
Bibliografía:
Aumont, Jacques, La estética hoy, Cátedra, Madrid, 2001.
Brihuega, Jaime, Estrella de Diego et all, Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, La bolsa de medusa, España, 2002.
Burmeister, Ralf, Christoph Delius et all, Historia de la pintura, Könemann, 2005.
Foucault, Michel, Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte, Anagrama, Barcelona, 1981.
Konersmann, Ralf, La reproducción prohibida. René Magritte, Siglo XXI editores, México, 1996.
Meurius, Jacques, René Magritte, Taschen, Madrid, 2004.
2 comentarios:
Ya que Magritte es muy comentado por estos días en los que está en Bellas Artes, muero por ir!!!
y cómo se ponen las notas al pie por acá?
Creo que al momento de agregar la imagen te aparece por allí la posibilidad.
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